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Para vivir algo especial, vivir lo esencial

Muchas veces en la vida, cuando nos detenemos por un momento, observamos a nuestro alrededor, contemplamos lo que tenemos, lo que sentimos, lo que hemos dejado en el pasado y lo que visualizamos para un futuro, pudiésemos sentirnos alegres y dichosos. Sin embargo, también hay personas que podrían sentirse tristes y palpar un vacío, a pesar de que, están viviendo un presente el cual cada uno escribe y a medida que pasa el tiempo, van recogiendo los frutos de lo que han sembrado, es decir, que depende de ellos cada paso. En esos casos, ¿será que no se está viviendo bien?

 

 

La vida es un camino incansable de retos, lleno de oportunidades, experiencias, enseñanzas, que no discrimina a nadie. Todos tenemos el camino cargado de obstáculos, atajos, partes complicadas y otras más fáciles y que llenan de paz. Es una montaña rusa que en buena hora no es lineal, porque sería muy aburrido, y gracias a esos sube y baja, se puede sentir tan bien la felicidad después de una tristeza, el éxito después de mucho tiempo lleno de esfuerzos y lágrimas, la compañía y amistad de alguien luego de haber estado solo, y así mismo, ese choque de emociones, en las que las buenas son más, como por ejemplo cuando recibes el abrazo del amigo en un momento duro, o cuando recibes un consejo y una luz mientras hay confusiones en la vida.

 

No hay duda que, no es lo mismo darle mayor peso al momento, es decir, a lo que se vive, se aprende, se experimenta, que al tiempo que pueda durar. No es lo mismo tener 20 años llenos de formación, alegría, servicio, amor, etc., al ya tener 25 años y sentirse pobre, triste y desdichado, porque simplemente ha experimentado una rutina por tanto tiempo, vacía de buenos momentos, de retos, de tomar responsabilidades por ser “tan pequeño” y sentirse incapaz de comerse al mundo. Definitivamente, no es lo mismo vivir la vida, que el estar muerto en vida, pero la decisión de vivir ahora o nunca, es de cada uno.

 

Existen en el mundo lugares que son perfectos, en los que todo conspira para vivir los mejores momentos, lugares que nos otorgan, no lo que nos hace falta, no nos dan lo que creemos que nos hace bien, por el contrario, son lugares que nos hacen encontrarnos con nosotros mismos, son como mágicos que incluso nos brindan lo que en realidad necesitábamos. Todos estos caminos de vida existen, y son lugares perfectos que no necesitan tanto adorno, tanto lujo, ni fines de lucro para poder lograr cosas inimaginables, enseñanzas tan importantes en nuestros días, valores que muchas veces ya parecen perdidos.

Que “lo esencial es invisible a los ojos del hombres”, ¿cierto o falso? Pues es tan importante en nuestros días ver mucho más allá de lo simple, material y superficial, es momento de ver el alma de todo, absolutamente todo lo que nos rodea. Por eso, cuando hablo de un “lugar” no específicamente me refiero a un lugar físico. Por ejemplo, existe un lugar, que no es lugar, más cerca de lo que piensan. Este lugar, que no es lugar, es más que un lema y un estilo de vida, porque es la vida misma.

 

Quienes han vivido sus años juveniles aquí, saben que alguien nos ha ordenado el mundo y nuestra existencia hacia algo perfecto, que esto no es más que un medio para guiarnos en la misión que cada uno tiene en este planeta, un medio que nos hace felices y nos muestra cómo ser felices en el futuro. Saben que hay tantas cosas en la vida, pero entre las más importantes hay amor, y donde hay amor, hay libertad, hay alegría, hay desorden. Un desorden que alborota todo y deja relucir lo mejor de la vida, lo esencial, lo que la hace bella, lo que la hace especial.

 

Aquí hay gente que parece fuego inapagable, porque enciende tanto que da gusto estar a su lado. Tienen un amor que quema y te hace sentir tan lleno que necesitas de otros a tu lado para poder compartirlo. No hay cómo guardárselo.

 

El Centro Excursionista Capdevielle, una obra de la Compañía de Jesús, que este 2017 cumplirá 53 años sirviendo a la juventud manabita, está llena de tanta juventud y cuánta juventud está feliz de estar allí. Se camina en familia, se canta de alegría ante la fogata que nunca se apaga, se acampa en los lugares más felices y forma jóvenes para hacer de este mundo, el mejor.

 

Definitivamente, hoy en día, una de las preguntas más difíciles que alguien podría recibir sería la de si es feliz, ya que se ha enmarcado la vida en una rutina sometida a compromisos que muchas veces no van con nuestros sueños e ideales. Rutina que ha dado más importancia el tener sobre el ser. Pero una persona que ha permitido que el CEC pase por su corazón debe estar pensando su respuesta de una manera diferente, porque su juventud ha sido diferente, ha sido especial. Y claro que viven problemas, dificultades, etc., pero entre sus cualidades logran afrontar con optimismo y amor las diferentes adversidades, porque nada es posible sin amor, porque sólo el amor predispone a arriesgarlos todo y a luchar siempre por llevar marcado ese “Ser más para servir mejor” en cada paso que se da, en cada sueño que se busca. Esto es lo que te hace sentir vivo, esto es lo que te hace sentir agradecido con todo, y solo quien es agradecido es feliz.

 

Los jóvenes que se atreven a guardar sus sueños en una carpa, que cuidan el sueño de los demás mientras observan y se alegran por ver la dicha de la naturaleza representada en cada cielo estrellado, que corren presurosos ante el llamado de los líderes en un campamento porque tienen esa sed de querer dar más, de querer aprender más, aquellos que invierten su tiempo en conocerse más, en ayudar más, en formarse más para servir mejor, que se llenan de tierra y lodo por fuera para brindar la mejor experiencia para otros pero que guardan un corazón tan puro por dentro que se traduce en una sonrisa de oreja a oreja, son los realmente felices.

 

Y es que la vida es eso, llenarse de experiencias, de alegrías, de juventud, de emociones, de retos, de lágrimas al cumplir sueños, y ¿por qué no también, de un poco de lodo, suciedad, cansancio pero de esos que te llenan el alma? La vida es eso, cada instante sentido con el alma.

 

Todas esas cosas, que no son cosas justamente, son las más fundamentales para vivir algo especial, algo inigualable. Basta con mirar alrededor para darse cuenta que es perfecto, porque uno mira y sonríe, siente y sonríe, tiene retos y sonríe, ve al amigo de nuevo y sonríe, duerme en una carpa, luego despierta y sonríe, le toca limpiar un baño y sonríe, aplaude y sonríe, llora y después sonríe, es cecista…y sonríe.

Definitivamente, para vivir algo especial, vivir el CEC.

 

 

Evelyn Intriago Chonlong

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